''Ven y Sígueme'' , algo más que una cuestión de semántica

Invitar , invitar , invitar. Las invitaciones se pueden aceptar o se pueden declinar; tu y yo podemos invitar pero Jesús, cuando nos llama a creer en él ¿nos invita?. 

Estos últimos días nos ha tocado leer, y no es nada extraño, una firme defensa del Sí a esta invitación. No es baladí ni una simple cuestión semántica, sino una cuestión de trasfondo que remueve toda la base. Algo así como la guía que llevará al árbol a crecer recto o torcido. Y cuando se trata de jóvenes, espinoso asunto este.


Si me afirmo en esa teoría de la invitación, deberé afirmarme en que el pecador es capaz de aceptar o declinar libremente esa invitación por sí mismo sino ¿para qué invitar a alguien que no puede aceptar? ¡que absurdo!; deberé así mismo entonces creer que el pecador necesita aceptar a Cristo, abrir su corazón a Cristo, y que la obra redentora sólo puede ser completada si el pecador, en última instancia, así lo decide. Deberé por tanto centrar mis esfuerzos en convencer al pecador para que de ese paso y deje entrar a Cristo en su vida, deje actuar a Cristo en él, abra la puerta, y no lo abandone tocando el timbre como un vendedor de enciclopedias cualquiera.

Pero hay un problema. La Palabra de Dios es contraria, chocante y radicalmente opuesta a esta nefasta doctrina. 
¡Es que es un pensamiento, una dialéctica tan superada, un planteamiento tan viejo que se remonta a los Padres de la Iglesia! No basta que las perversiones acerca del Libre Albedrío, desde la temprana iglesia alentadas por Pelagio, las hundieran una y otra vez Agustín de Hipona (De la Gracia y el Libre albedrío, Carta CLV, Sobre el Salmo XXXI, etc), incluso Jerónimo de Estridón (Diálogo contra los Pelagianos) o magníficamente Calvino en el Libro II de la Institución Crisitiana:

Concedemos, desde luego, que mientras el hombre permaneció en su perfección, su estado era tal que podía inclinarse a una u otra parte; pero después de que Adán ha demostrado con su ejemplo cuán pobre cosa es el libre albedrío, si Dios no lo quiere y lo puede todo en nosotros, ¿de qué nos servirá que nos otorgue su gracia de esa manera? Nosotros la destruiremos con nuestra ingratitud. Y el Apóstol no nos enseña que nos sea ofrecida la gracia de querer el bien, de suerte que podamos aceptarla, sino que Dios hace y forma en nosotros el querer; lo cual no significa otra cosa sino que Dios, por su Espíritu, encamina nuestro corazón, lo lleva y lo dirige, y reina en él como cosa suya” (Inst. 2.3.10).

Sino que la misma línea fue posteriormente levantada de nuevo por Jacob Hamerszoon (Arminio), y excelentemente rebatida -entre otras cuestiones- por los Cánones de Dort. Pero aquí seguimos, producto de la resistencia del hombre por negarse a sí mismo y su deseo de hacerse parte de su propia salvación. De comprarse su parcelita en el cielo. Del ¡EH! no olvides que YO te acepté ¿Recuerdas?. Pueden negarlo pertinazmente, pero subyace un humanismo recalcitrante. 

Pero no vengo aquí a hablar del Libre Albedrío. Eso se lo dejo a teólogos y pastores infinítamente mejor preparados que yo, torpe ovejita descarriada; porque pese a confiar en el sacerdocio universal, creo sin concesiones en la profesionalización y en el llamado personal al oficio y ministerio de Pastor.

Sin embargo, si quiero tratar el llamado de Jesús a Pedro y Andrés, usado como ariete y ejemplo vivo de esa 'invitación'. Eso que llaman invitación, yo lo llamaré Llamamiento eficaz (o Gracia Irresistible).

Mateo 4:18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
4:19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
4:20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. RVR60

En mi boca estoy seguro que la palabra exégesis es grande y presuntuosa, pero creo que hay que ser mínimamente objetivo y mirar alguna que otra traducción antes de intentar cualquier clase de estudio o interpretación:

19 And he saith unto them, Follow me, and I will make you fishers of men. (King James)
19. και λεγει αυτοιϲ · δευ (codex sinaíticus)
19 And he said to them: Come after me, and I will make you fishers of men. (transliteración)
19 «Venid, seguidme —les dijo Jesús—, y os haré pescadores de hombres.» (NVI)
19 Et ait illis: “ Venite post me, et faciam vos piscatores hominum ”.(Nova vulgata)

Vale, creo que no me han engañado con las traducciones.
Si leo en contexto vemos a un señor que va andando por una playa y ve a dos pescadores y les dice: venid y seguidme , estos cogen los bártulos y se van ''al instante'' tras él. Si este señor hubiera sido un cualquiera, podríamos imaginar las carcajadas de Simón y Andrés desde la barca. 

Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Venid y os haré. Quien quiera ser mínimamente aséptico y en estos tiempos verbales vea una invitación y no un mandamiento impositivo dicho con toda la autoridad posible (venid-imperativo / haré-futuro incondicionial)  es que, literalmente, esta retorciendo las escrituras.

Pero el qué y el quién, para Simón y Andrés un hombre al que acaban de conocer, quizás no fuera tan importante sin el cómo.

En palabras de R.C. Sproul El llamado eficaz ''se refiere a un llamado de Dios que por su poder y autoridad soberana produce el efecto, o el resultado, buscado u ordenado''. No podemos negar que existe un llamado eficaz cuando Dios ordena la creación del mundo y este es; Cuando Cristo ordena (¡ordena!) a Lázaro levantarse de su tumba, este sin titubear se levanta y vuelve a la vida. Exactamente el mismo llamado ocurre cuando Dios llama un pecador a regenerarse de su muerte espiritual. Bendita Gracia Irresistible.

El Llamado Eficaz  de Dios es un llamado interno, secreto e individual. Por él el Espíritu Santo regenera las almas de los escogidos mediante el cambio interior en la predisposición y en sus deseos. Nadie quiere ir a Dios sin esta regeneración decisoria y sin embargo, quien la recibe, no puede negarse a ir a Dios en predisposición por fe. Por tanto, esta fe es un regalo y un decreto divino, entregado por el llamado eficaz del Espíritu Santo.

Pero además, la predicación del Evangelio es el llamado externo y universal de Dios. Por él toda criatura es llamada de forma audible, tanto los escogidos para honra como los escogidos para deshonra; y sólo los predestinados para Gloria responderán a ese llamado si previamente han sido acompañados del llamado interno. 

El maestro Spurgeon nos hace un magnífico símil de ambos en estas palabras: “El llamado general del Evangelio es como el común “cacarear” de la gallina que siempre da cuando los pollos están a su alrededor. Pero si hay algún peligro inminente, entonces ella le hace un llamado muy peculiar, muy diferente del ordinario, y los pollitos vienen corriendo tan rápido como pueden, y se esconden buscando seguridad debajo de sus alas. Ese es la llamado que queremos, el llamado peculiar y eficaz de Dios a los suyos.”

Pero no se equivoque el lector, no es un camino de rosas; contra esta gracia luchamos con toda la fuerza que nos permite nuestra naturaleza radicalmente caída. Sin embargo la Gracia de Dios, poderosa y soberana, siempre prevalece sobre nuestra corrupción. 

Ante la pregunta capciosa de si el hombre llega a Jesús invitado o forzado, solo cabe, de nuevo, citar al gran Spurgeon : “Un hombre no es salvado contra su voluntad, sino que se le hace dispuesto por la operación del Espíritu Santo. Una gracia poderosa que no desea resistirse a la entrada en el hombre, lo desarma, hace una nueva criatura de él, y él se salva.”, o baste de nuevo leer el texto de Calvino citado supra.



Voy a dejar unos versículos (pocos) para reflexión:

Romanos 8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Juan 6:44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 

Efesios 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 
2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 
2:3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 
2:4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 
2:5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

3:10 Como está escrito: 
No hay justo, ni aun uno;
3:11  No hay quien entienda. 
No hay quien busque a Dios.
3:12  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; 
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.






A Dios sea toda la Gloria, siempre.

JRMM




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